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Alcanza a Flavio Sosa la rechifla y el desprecio de ciudadanos y de sus socios políticos; México, un país de tantas decepciones y tan herido, que hoy le haría bien el anhelado triunfo; e Ignorancia y ceguera ideológica de Lenia Batres

 

COLUMNA

+ Alcanza a Flavio Sosa la rechifla y el desprecio de ciudadanos y de sus socios políticos ‘cuatroteros’.

+ México al borde de la euforia, un país de tantas decepciones y tan herido, que hoy le haría bien el anhelado triunfo.

+ La ignorancia y ceguera ideológica de Lenia Batres, la ministra de la SCJN que es más peligrosa que un chivo en cristalería judicial.


PRIMER TIEMPO

Flavio, el que siembra vientos y cosecha tempestades. 

Flavio, el que se victimiza cuando lo alcanzan la rechifla y el desprecio de sus correligionarios y de los ciudadanos.

La eterna víctima, el sello de la casa de quienes ahora gobiernan, el pretexto para justificar el rechazo de la gente y de sus compas ‘cuatroteros’, cansados de la grilla y el golpeteo político que tanto él como otro personaje igual o más despreciable, aplican a todo el gabinete y a socios de su movimiento político.

El farsante ideológico y político que brincó de apoyar a la extrema derecha que impulsaba a Vicente Fox Quesada, a entregarse a la extrema izquierda que se apoderó de la revuelta del 2006 en perjuicio de todos y en beneficio de los extorsionadores sociales y de la guerrilla.

El acomodaticio a quien no le importó perjudicar a Oaxaca y a los sectores productivos oaxaqueños con un conflicto que comenzó por una vendetta política de los grupos “sociales, a los que les quitaron los millonarios recursos que exigían cada cada año como cínica extorsión a los gobiernos en turno.

La cara mediática de ese conflicto impulsado también un grupo político priista peleado con otro grupo político priista, de los que entonces gobernaban contra quienes habían gobernado Oaxaca, a quienes como él, tampoco les importó llevarse entre las patas a los oaxaqueños con tal de quedase con el poder y el dinero.

El traidor que pasó de ferviente promotor y apoyador de la senadora Susana Harp cuando peleaban por la candidatura al gobierno estatal, a traicionarla e integrarse, con su grupo la “Sosa Nostra”, al gobierno y equipo de Salomón Jara, donde tienen espacios no sólo por la Secretaría de Cultura que ocupa, sino en los otros poderes además del Ejecutivo, como el Legislativo.

Flavio, al que exhiben sus contradicciones ideológicas y políticas y que recibe ahora lo que por tantos años sembró: división, odio, desprecio y traiciones; un personaje sin escrúpulos ni convicciones, veleta de sus intereses y de los intereses de otros.

Dicen que Flavio Sosa Villavicencio ya tiene listas las maletas. Se irá después de la Guelaguetza; le dará tiempo ordenar el desorden administrativo que trae en esa Secretaría de las Culturas y Artes de Oaxaca, donde quedará a deber.

Aquí, en este espacio, en su momento pensamos que por ser uno de los pocos “letrados” de la administración (¡imagínense cómo están!) iba a hacer un papel aceptable, pero en la dualidad de su personalidad pudo más el activista recalcitrante que se peleó con todos.

Y en política, dicen, los amigos son falsos pero los enemigos son de verdad. Así pasó con Flavio, a quien le rechiflaron en la inauguración de la Guelaguetza.

Claro, el hecho pasó un poco desapercibido al momento, pero después se hizo viral, tanto que según las mediciones tuvo más menciones la rechifla que el propio inicio de la Guelaguetza.

El hombre corpulento de 62 años que es responsable de la política cultural en Oaxaca nació en San Bartolo Coyotepec, ahí donde su poder y gracia hicieron que una de las empresas más estables en Oaxaca perdiera su patrimonio. ¿Se acuerdan? En el absurdo, Flavio fustigó a los Guzmán Gardeazábal, dueños de la empresa Gugar, y resultó que ahora son quienes le prestan su avión al secretario de Gobierno, Jesús Romero López.

Flavio Sosa inició su trayectoria política junto a Salomón Jara, ambos ingenieros aunque de distintas escuelas. Uno venía del IPN, el otro, Flavio, de Chapingo. Flavio, a diferencia de Salomón, era funcionario del gobierno federal, en ese entonces priista, vestía de saco y camisas almidonadas.

Pero la dupla Jara - Sosa encontró en el campesinado una veta importante, política y económica, pues era el auge de la economía cafetalera. Después hicieron el PRD, y ambos obtuvieron una curul por la vía plurinominal.

La historia es larga, pero pasemos a 2006, cuando Flavio se confrontó con Salomón Jara por la votación que debería, en teoría, dar para que se iniciara el proceso de juicio político. Salomón se fue al baño, igual que hizo con la Reforma Educativa y otras votaciones que le han cuestionado.

El entonces senador Jara, dicen, intervino para tratar de que la APPO desistiera de acciones, aunque su gestión fue infructuosa pues entonces, como ahora, Flavio iba por su cuenta, claro, con otros personajes entonces de mayor poder político.

El hombre que apoyó la transición con Vicente Fox y traicionó después de Genaro Santana, y pasó por el PT y otras siglas más, hizo una buena relación con Andrés Manuel Lopez Obrador, quien lo visitó en el penal de Cuicatlán, ahí donde Nancy Ortiz le llevaba de comer cuando era una humilde cocinera que recibía una paga por mantener la dieta de Sosa.

Fue AMLO quien lo sumó a su proyecto político, pese a la inconformidad del mismo Jara. Después, apoyó a Susana Harp y por mediación presidencial lo dispensaron. Así es como ha sobrevivido Flavio, quien asegura que tiene carrera propia y no se debe a nadie, menos a un gobernador que no pasó la aprobación ciudadana en la revocación.

Está sentido, más que enojado, nos cuentan, pues acusarlo solo a él de los males del gobierno en turno, es buscar un chivo expiatorio y no una reflexión a conciencia de los errores y excesos, de los cuales la Secretaría de Cultura no se salva.

Así que ahora pidió tiempo para limpiar la casa, medio arreglar el tiradero y volver a las calles, pues seguirá en su organización.

Le molestan al ex vocero de la APPO una serie de circunstancias: los López (refiriéndose la familia López Sánchez), los otros López (parientes de Jesús Romero), los mismos Jara, pues asegura que hay quienes le hacen más daño al gobernador.

Será interesante qué dirá Flavio después de dejar la secretaría. Será interesante también la valoración que haga Salomón Jara sobre su desempeño y si lo respaldará a costa de todo como ha hecho con su secretario de Gobierno o lo dejará en la inanición política.

El presupuesto lo tiene, pero la confianza ya no, y lo sabe, por eso esperará a que pase la fiesta y volverá a lo que ha hecho siempre.


SEGUNDO TIEMPO

¿Y si sí?

Dentro de unas horas México vivirá los 90 minutos más anhelados en los últimos 40 años.

El partido que vuelve a generar la ilusión colectiva por un pase a la siguiente etapa del torneo.

El país entero se detendrá 90 minutos frente a una pantalla, con amigos, en familia, en las calles, donde la multitud se vuelve una, sin diferencias.

México al borde de la euforia, con banderas que exaltan el nacionalismo y playeras verdes que olvidan cualquier formalidad.

No sé qué pase después de este partido. El anhelo es el triunfo pues México es un país de tantas decepciones y tan herido, que le haría bien un triunfo.

No, no devolverá la vida de Pablo Osorio Sánchez, ingeniero civil de 26 años, originario de la Heroica Ciudad de Tlaxiaco y egresado del Instituto Tecnológico de Tlaxiaco. Una víctima más del crimen organizado que controla México.

Desde junio de 2025 trabajaba como supervisor de túneles para la empresa CICAR S.A. de C.V. en las obras de la autopista Durango - Mazatlán, en el municipio de La Concordia, Sinaloa.

El 23 de enero de 2026 desapareció alrededor de las 7:30 horas, cuando esperaba el transporte de personal sobre la carretera Villa Unión - Durango. Ese mismo día también desaparecieron otros trabajadores que laboraban en la zona.

Tras más de cinco meses de búsqueda, sus restos fueron identificados el 1 de julio por su madre en el Centro Médico Forense Federal. La noche del 4 de julio su cuerpo llegó a Tlaxiaco, donde fue velado por familiares y amigos en el ejido Ojo de Agua. Este domingo 5 de julio será sepultado en su tierra, de acuerdo con los usos y costumbres de la comunidad.

Uno más de cientos, de miles de desaparecidos. Para que se dé una idea, podrían sumar dos estadios Ciudad de México al que todos seguimos llamándole Azteca.

Oaxaca vive su propia fiesta y su propia tragedia. La Guelaguetza inició entre el ruido de las celebraciones por el triunfo de México y opacó las pifias de la organización, como esa rechifla al secretario de cultura, Flavio Sosa Villavicencio, el hacedor de tormentas en 2006. 

¡Ah, cómo cambia la vida!, justo hace 20 años Flavio suprimía la Guelaguetza que hoy defiende y pervierte con una mala entendida tradición, pero qué le vamos a hacer.

Cabo Verde nos dejó a todos una gran lección de fútbol y era un equipo nuevo, ojalá pase lo mismo con alguno de esos bailes emergentes e inventados que aburren más que mostrar diversidad.

Mientras tanto, las delegaciones reciben un trato vil e indecoroso, como esos jóvenes que trasladaron en el cajón de un tráiler, como migrantes que cruzan la frontera o personal de raya aunque éstos no ganen ni un peso.

Otro de los horrores es la famosa cabalgata. Una más de las distorsiones de la Guelaguetza y propia de los gustos buchones de la señora que ya se siente gobernadora.

Imagínese si eso hace como secretaria, qué no hará si ostenta el poder absoluto, poco le falta hacer carreras de caballos en el Andador Turístico o una pelea de gallos en Santo Domingo, con la crueldad animal que les caracteriza a esas celebraciones casi bárbaras.

¿Una cabalgata? Y otra vez Ray Chagoya permitió el abuso del espacio y no solo eso, sino que se convirtió en una borrachera al aire libre, con gente peleando y vomitando, la ciudad convertida en una cantinota. Lo peor es que ese escenario se multiplicará ahora que gane México, porque esta columna está segura que ganará México y lo celebrará solo que sin romper parabrisas de autos ni haciendo desmanes.

Tienen razón quienes dicen que el fútbol no resuelve los problemas de México pero disfruten, por lo menos esos 90 minutos. 

Ya sabremos después si el fallido gabinete de Salomón Jara vuelve a reestructurarse tratando de no hundir más el barco y cumple las aspiraciones de más de una decena que ya se siente con una beca en alguno de los congresos. O si la mano de Estados Unidos nos alcanza.

Por lo pronto recordemos la emoción de vivir un mundial que hace 40 años, cuando era otro México, sin redes ni celulares, ni madres buscadoras ni palas al hombro. 

No podemos devolverle las calles a los niños pero digámosle que hay un país más allá de la violencia con la que desayunan y comen todos los días. Que hay jóvenes como Morita que no sueñan con ser sicarios y que el fútbol puede despertar una pasión tan grande que nos recuerde quienes somos como país. 

Imagínese usted que hasta los ingleses ven como un templo del fútbol el Estadio Azteca, ese al que pudo entrar solo la élite de nuevos ‘fifís’ que pagan lo que la gente en las calles no juntaría en un año. 

Pero como dijo Chicharito, imaginemos cosas chingonas y así como hay una Selección que está recuperando la ilusión, ojalá pronto recuperemos el país, secuestrado por un proyecto político que se dice de izquierda, pero en realidad sostenido por sus complicidades y cogobierno con el crimen organizado.


COLOFÓN

Lenia Batres Guadarrama, la cuestionada ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) no es como chivo en cristalería judicial, es más peligrosa, porque su ignorancia y su ceguera ideológica ha puesto en riesgo real no sólo la confianza de los inversionistas nacionales y extranjeros, sino la estabilidad de las familias mexicanas, al atacar el patrimonio de los demás y pretender quitarles dinero ganado con el esfuerzo y trabajo de los ciudadanos para regalarle más recursos al gobierno.

Así lo explica el abogado y activista José Mario de la Garza:

Esta semana la ministra de la Corte, Lenia Batres, discutió un caso que ni siquiera era de herencias sino de Afores, aprovechó el estrado para decir que en México deberían cobrarse impuestos a lo que uno le hereda a sus hijos, porque, según ella, quien recibe una herencia no la generó con su esfuerzo. Ahí está el problema completo. No le tocaba decirlo, la SCJN no legisla, y la herencia no es del que muere: es de una familia que ya pagó ISR, IVA, predial y tenencia durante décadas. Gravarla otra vez al morir no es redistribuir, es cobrar dos veces por lo mismo.

Y lo que casi nadie dice: la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos documentó en 2021 que en los países que sí cobran ese impuesto recauda apenas el 0.5% del total tributario. Es simbólico. Suecia lo abolió en 2004 por unanimidad, con los socialdemócratas gobernando. Noruega lo quitó en 2014. Austria fue obligada a eliminarlo por inconstitucional. En Francia, con tasas de hasta 60%, el 79% de las herencias no paga un euro. En México se han presentado ocho iniciativas desde 2016 y ninguna ha caminado, no por conspiración, sino porque están mal hechas.

Lo incómodo, y lo digo desde el derecho constitucional, es que este impuesto no va a tocar al del fideicomiso de los millonarios, constituidos en Barbados, ni al del trust en Nueva Zelanda. A esos ya están totalmente blindados. Va a caer sobre el profesionista que hereda la casa de sus papás, sobre el comerciante que hereda el negocio, sobre la familia que juntó dos departamentos con treinta años de trabajo. La pregunta honesta no es si gravamos a los ricos. Es a quién le vamos a cobrar realmente, y por qué seguimos importando una herramienta que hasta los países que la inventaron están abandonando.


NGE

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